sábado 16 de mayo de 2009

Vuelta


Para Abel Z.

Tallada en el temblor de la madera
la quijada sinuosa
con las crines
pintadas de colores imposibles.
Sus giros repetidos
trazarán el carrousel, al fin de un día.
Te tengo y te me vas, mano extendida
al vacío que está detrás del niño
que no pudiste ser,
una vuelta sobre alas transparentes
se encadena
a ese giro retórico invencible.
El misterio es entorno, la espera forma círculos
entre jazmines que huyen a la vera del tren,
cada verano.
Desde entonces contemplo tus clarísimos ojos
reflejando una luna repetida,
porque detrás de todo hay un declive,
un sonido de tren,
una hierba que cede bajo unos pies pequeños
un acto, un sólo acto que aniquila.
Por deslizarse así darían lo que nunca han alcanzado
-habrían dado ya-
¿pero quién lo logró, excepto los que andábamos?
era un accidente del terreno
una curva escondida hacia el recuerdo intacto del futuro
porque todo, detrás
porque todo, después
la repentina ráfaga de luz, o el
giro al revés,
sólo ocultan la idea de un declive.

sábado 25 de octubre de 2008

Takhis


Bajo las alas de Garudá
que pueden extenderse hasta cubrir el sol
una ciudad, Ulan Bator,
dormita en el silencio de oscuros monasterios,
el polvo del desierto
se asienta en la cabeza del gran buda
que sereno contempla
de pie y sonriendo
la historia y el futuro de este nudo del Asia
que no fue bendecido con el beso del mar
-para que allí la vida se ahogue y desahogue-
y bañaron, en cambio, sus mixturados dioses
con los fastos del fuego que alumbraba
la larga noche incierta de los nómades.
Un pueblo sin el mar, imita el flujo de olas
y se agrupa y disuelve
en la orilla imprecisa del tiempo de los hombres.
Estos caballos fuertes que galopan su suelo
sobreviviviendo al peso de los siglos,
sus desiertas estepas, su norte hecho de alturas
y el corazón helado del centro del invierno
lo han arado con uñas de una raza indomable
que es primera y es última
y guarda su secreto debajo de una máscara
de anchos dientes de furia.
Takhis
los caballos del reino que extendieron la gloria
de Genghis Khan, y ahora
son la especie salvaje -la última en el mundo-
que no tolera el yugo de la mano del hombre.
Takhis, espíritu mongol
con su cara alargada
y sus anchas narices de acaparar los vientos:
ironía de templos en las tierras de nadie.
Takhis,
que en la lengua mongol
es caballo
y espíritu.

domingo 5 de octubre de 2008

Caballo negro


“No creo en las invocaciones, pero las invocaciones creen en mí”

Antonio Gamoneda


Ramo de nervios
huesos
piel carbón encendido en un tramo del cielo
donde ardieron de a uno, los distantes cometas
profundo cántaro
de ébano
que guarda
el agua de las lluvias
cuando la noche escampa
sobre esta tierra seca
y eres
la traza que resulta
de contemplar distancias y aceptarlas
y te alargas y subes
y te alargas
cuando desciende el día y se sumerge
en las alforjas de sus flancos
de negro terciopelo acariciante,
la vieja luna nueva.
Entrecierro los ojos y te pienso
recuerdo tu recuerdo
como quien reconoce
a quien amó
de espaldas,
a lo lejos
después de todo el tiempo,
del dolor trancurrido,
caballo negro
figura de azabache engarzada en un cordón de plata
-la crin meticulosa contra el viento-
tropilla que deshace la seda de la noche
con su galope a ritmo, su música de cascos
pulidos como piedra
subrayando
el único horizonte que creímos posible,
redonda sombra
del tamaño del sol que hemos perdido,
impronta en el camino
-cerrado para siempre por espina y malezas-
que nos llevaba, juntos
de regreso a la casa.

sábado 4 de octubre de 2008

Caballo blanco


Raro, nuestro, bello
así surcaste el fino
hilado de la tarde sobre el telar del cielo.
Animal excesivo
desborda y aniquila paisajes del encierro
muerde
hasta que duela y traigas
un resuello que aplaque la tensión de la sangre.
Hay sudor, la dureza del músculo
fibroso nos tritura:
hubo abrazos culpables.
Caballo
viajero insostenible
camina sobre brasas
y elude con tus patas
las nubes de ceniza que nos cubren,
luz blanca en las entrañas del bosque rumoroso,
extiende como faros tus ojos desvelados
sobre el inmenso mar que agita en olas
la musa inapelable, señora del retorno
reina de la primera idea del pecado y
esposa del mal sueño.
(La hermana traicionera
revela esos secretos guardados como perlas
en el hueco del alma).
Bestia callada, entristecida, cavilante
contemplando tus ancas en su vaivén de brillos
al son de las tormentas, sólo veo
un antiguo destello de estrellas muy lejanas


y entonces tiemblas
como un llanto en los labios
-sin destino y sin dueño-
potro muerto en la nieve,
caído ángel de amor esmaltado de nácar
sobre un tapiz de hielo.

viernes 27 de junio de 2008

Bucólica


Se insinúa en el aire
la mañana soleada
como una sosegada yegua blanda
que se inclina hacia el pasto
donde aún brilla
agónico
el rocío.
La noche es humedad
sonido entrecortado
pulso que amplía
el silencio del campo alrededor.
Bailan las copas de los sauces
y el río trae
su séquito de voces.
El aliento
de los caballos juntos
forma nubes pequeñas
como nidos de gasa transparente
que ocultan o
interrumpen
-como dioses benévolos-
las visiones y el frío.

domingo 16 de marzo de 2008

Caravana


Potros tan claros que atraviesan la tormenta
sobre sus lomos,
viajan los hombres, embozados
algo santo en la curva de la espalda
resiste
el empujón brutal que dan los vientos,
sueldan sus cuerpos a los cuerpos de las bestias:
entre unos y otros,
sólo hay un hueco que ocupan con silencio.
A la puesta del sol, coloreada de índigo
la caravana es una cinta
un friso que se extiende a la intemperie
(una fila de hombres, una hilera de peces)
su desliz,
la inquietud que ha escindido de la piedra
cada grano de arena.
Desde la altura que dispensa
tanta oscura humedad,
se desciende de a uno, lentamente.
En los ojos, la mirada no se halla
-ya no busca-
sólo atiende a los trazos donde duda:
no confía en lo real, no es su horizonte
si el espejismo del sentido
da a derecha e izquierda.
Cada línea que te traces puede ser
esa flecha con dos puntas afiladas,
la que acierta en el surco de tu sangre.
Es el desierto de la marcha. Estamos solos,
los reflejos son trampas que a la luz le convienen
su oscura ciencia
en el crucial momento, revelada.
Ay de estos vientos del desahucio,
de tu ardida ceniza
y en el latido de tu pulso
la luna roja,
la visión del escándalo, el eclipse.

domingo 9 de marzo de 2008

Montaje



Se desliza
por pardos arcoiris
crujientes y extendidos
los pies descalzos
se hielan y detienen
el ritmo de una sangre sin sosiego
los ocres del invierno
su vestido encarnado,
se deslizan. Irónica y callada
como llega la lluvia
en hilos platinados por el frío.
De acero riguroso
el devenir del tiempo
en sus mejillas,
las manos que acarician
temblorosas
la frente de los muertos.
Caballos de otras huestes
y otra aurora
soportan junto a ella cada exilio
hacia la mar
volando
la sueñan en la cumbre
violáceos hipogrifos,
y ajena cada voz,
cada mudable cabalgadura
se desprende.
¿Sigue el rastro animal de los deseos
condensado en sudores,
o la llovizna vaporosa de la orilla?,
¿u obedece
de una vez para siempre
la indudable paciencia de la arena?
Ahora los cerrados pasadizos,
el lacre desmedido del ocaso,
ponen sello a la letra.
El Libro es siempre mudo
y amanece guardado
en esa cripta
desde donde le llega, todavía
un brillo doloroso,
imperceptible.